Hoy es viernes y esta newsletter llega con una pequeña colleja cósmica incluida. Iba a dejar pasar la newsletter del martes, pero no, la vida me recuerda que no.
El caso es que hace una semana fui a una clase de yoga que me removió por dentro, una de verdad, lo que de verdad es yoga. Me dejó pensando durante días, iba a escribir sobre ello… pero lo dejé. “Ya lo haré, ahora hay algo más urgente”. Y ya sabemos lo que pasa con lo que dejamos para después: se diluye, se enfría, se olvida. Y hay lecciones, oportunidades, regalos que no se pueden dejar pasar.
Primera lección.
Ayer volví a clase.
Llegaba descolocada, cansada después de un día largo en la notaría y de una semana gris. Últimamente sentía que ni siquiera el autoreiki terminaba de equilibrarme. Entré con la mente dispersa y el cuerpo agotado, y fue cruzar la puerta… y la energía cambió.
No sé cómo explicarlo de otra manera. Se notaba. La energía de Bárbara sostenía la del centro. Era impresionante. No era la música, ni las posturas, ni la estética. Era ella. Su presencia. Su coherencia. Su verdad.
Y entendí por qué durante tanto tiempo había sentido que tenía que ir ahí. No era casualidad. Su energía me atraía porque estaba alineada, porque cuando alguien vive en propósito, se siente.
En un momento de la clase en que mi mente entró en juego me vino otro recuerdo cósmico: vivir en propósito no es hacer x o trabajar en y, es ser lo que eres, encarnarlo, respirarlo, sostenerlo.
Bárbara no “da clases de yoga”. Ella es yoga.
Y eso cambia vidas.
Y me tocó algo muy profundo, porque estoy creando un curso sobre propósito (ya sabeis que me toca de lleno) y agradecí a la vida esa caricia, ese refuerzo... me sentí arropada, sostenida.
El propósito no es una etiqueta, ni un título, ni un objetivo que alcanzar. Es ese punto donde lo que eres y lo que haces dejan de estar separados.
Cuando trabajas en lo que eres y lo ofreces al mundo, el amor se expande solo. No hay que forzarlo. No hay que convencer a nadie. Se siente.
Quizá de eso se trata todo.
De dejar de buscar afuera lo que ya vibra dentro. De dejar de intentar encajar y empezar a encarnar.
Gracias, de corazón, a Anahata Academy y a Bárbara, por recordarme que cuando alguien es coherente con su esencia, ilumina a todos los que entran en su campo.
Con amor y alas,
Pili con Alas,

Martes con alas (aunque hoy sea viernes): tu recordatorio semanal de volver a ti.
P.D.- Si a alguien le resuena lo del propósito que no dude en escribirme y les daré los datos del curso cuando esté listo.
P.D2.- Gracias por leerme, todo esto no tendría sentido sin vosotros. Y gracias Carmen por decirme lo tanto que te gustan mis emails y mi proceso, no sabéis hasta qué punto vuestras palabras me tocan el alma.