Cuando era pequeña y nos empezaron a preguntar qué queríamos ser de mayores recuerdo pensar que yo quería dedicarme a dar amor.
No sabía cómo explicarlo mejor y ni mucho menos sabía qué trabajo era ese ni cómo podía existir algo así. Solo sabía que tenía sentido para mí.
Recuerdo pensar muchas veces: ¿cómo puede alguien dedicarse a dar amor?. Y recuerdo también las caras de quienes me escuchaban y mi propia mente pensante, como si aquello fuera una idea bonita… pero poco realista.
Con los años, la vida te va llevando por caminos distintos. Estudias, trabajas, haces lo que toca. Y muchas veces aquello que sentías de niño parece quedarse en un rincón. Hasta que un día, en mi primer curso de reiki, escuché a mi maestro decir una frase que me hizo llorar de emoción: “El reiki es dar amor de forma objetiva, universal e impersonal.”
En ese instante lo entendí y las lágrimas no dejaron de brotar. Aquello que había sentido de pequeña sí existía.
Este fin de semana, en la feria esotérica con Esencias del Alma, recordé todo eso. Muchísima gente pasó por la feria y tuvimos la oportunidad de dar reiki a muchas personas y lo que más me impresionó no fueron las sesiones en sí, sino las palabras, las emociones y sensaciones que escuchaba después: “Siento mucha paz, mi mente se ha callado por primera vez en mucho tiempo, estoy como en ese estado justo antes de dormirme, a gusto, placentero, estoy muy emocionado y no sé por qué, feliz…”
Muchas personas llegaban diciendo que no creían en “estas cosas” y la verdad es que me importaba poco. El amor funciona aunque no creas en él. Pero después de la sesión… sus caras cambiaban tanto… y esa sonrisa de paz no se les iba de la boca…
No era necesario convencer a nadie… experimentar el reiki habla por si solo.
Y es que a veces sentimos desde muy dentro lo que tiene sentido para nosotros, aunque no sepamos explicarlo.
Aunque el mundo a nuestro alrededor no lo entienda.
Aunque no sepamos todavía cómo se va a manifestar.
Por eso es tan importante escuchar la intuición. Porque muchas veces lo que hoy parece una idea imposible… es solo una semilla esperando su momento.
Este fin de semana pude compartir ese amor con muchas personas y solo puedo sentir gratitud.
Gratitud hacia mis maestros de reiki, hacia todas las personas que confiaron en nosotros en la feria, hacia los amigos que siempre están, hacia la familia.
Y, de forma muy especial, hacia mi marido, por su ayuda constante, y hacia mi padre, que sin entender muy bien todo esto vino a verme… y terminó recibiendo una sesión de reiki conmigo.
Ay… qué mundo tan bonito cuando podemos compartir amor.
Con amor y alas,
Pili con Alas

Martes con alas: tu recordatorio semanal de volver a ti.